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Camino a la escuela: ¿qué deben aprender los niños para desplazarse como peatones seguros?

Con el inicio del curso escolar en septiembre, las calles vuelven a llenarse desde temprano de niños y adolescentes que se desplazan hacia sus escuelas. Algunos lo hacen acompañados por sus familiares; otros, especialmente los de mayor edad, comienzan a realizar parte del recorrido con mayor independencia.

Aprender Matemática, Español o Historia forma parte de su educación, pero también existe otro aprendizaje que puede acompañarlos durante toda la vida: saber comportarse correctamente como peatones.

La educación vial debe comenzar desde edades tempranas. No se trata únicamente de enseñar reglas para memorizar, sino de crear hábitos que los niños puedan aplicar cada vez que salen de casa.

En Miss & Míster Volante creemos que formar peatones responsables desde pequeños contribuye a tener usuarios de la vía más conscientes en el futuro.

Primero: detenerse antes de cruzar

Uno de los hábitos más importantes que podemos enseñar a un niño es que llegar al borde de la calle significa detenerse.

No debe continuar caminando automáticamente.

Antes de cruzar necesita observar el entorno, comprobar la circulación y asegurarse de que existen condiciones para hacerlo con seguridad.

Convertir esta acción en una rutina ayuda a evitar decisiones impulsivas.

Mirar correctamente antes de avanzar

Los niños deben aprender que observar la vía no significa simplemente mover la cabeza rápidamente.

Es necesario prestar verdadera atención a los vehículos que circulan y comprobar ambos sentidos antes de iniciar el cruce.

También deben continuar atentos mientras atraviesan la calle, porque las condiciones pueden cambiar durante esos segundos.

Mirar antes de cruzar debe convertirse en un hábito, no en una acción ocasional.

Utilizar lugares seguros para cruzar

Siempre que estén disponibles, los cruces habilitados y las intersecciones apropiadas ofrecen un entorno más previsible para atravesar una vía.

Un niño debe comprender por qué no es conveniente aparecer repentinamente entre dos vehículos estacionados o cruzar desde un lugar donde los conductores tengan dificultades para verlo.

No basta con decirle: “No cruces por ahí”.

Explicarle el motivo ayuda a que pueda reconocer situaciones similares cuando se encuentre solo.

Nunca asumir que el conductor ya lo vio

Que un vehículo se encuentre relativamente cerca o disminuya la velocidad no significa necesariamente que su conductor haya visto al peatón.

Por eso resulta útil enseñar a los menores a intentar establecer contacto visual con el conductor cuando las circunstancias lo permitan y comprobar que el vehículo realmente está cediendo el paso antes de avanzar.

La seguridad nunca debe depender de una suposición.

El celular puede esperar

A medida que los niños crecen, aumenta también el uso de teléfonos móviles.

Caminar mirando una pantalla puede hacer que dejen de percibir vehículos, bicicletas, motocicletas, señales y otros elementos importantes del entorno.

Antes de cruzar una calle, el teléfono debe dejar de ser el centro de atención.

Lo mismo ocurre con otras distracciones que dificulten observar o escuchar adecuadamente lo que sucede alrededor.

Cuidado al bajar de un vehículo

Muchos estudiantes llegan a la escuela en automóvil, taxi, motocicleta u otro medio de transporte.

También en ese momento existen riesgos.

Al bajar de un automóvil, el niño no debe correr inmediatamente hacia la escuela ni atravesar la vía sin comprobar primero qué ocurre alrededor.

Cuando sea posible, los adultos deben organizar el descenso desde el lugar que reduzca la exposición del menor al tránsito.

¿Y si el niño va acompañado?

Caminar junto a un adulto es una excelente oportunidad para practicar educación vial.

Durante el recorrido podemos explicarle:

  • Por qué esperamos antes de cruzar.
  • Qué vehículos debemos observar.
  • Dónde resulta más seguro atravesar la calle.
  • Por qué no debemos correr hacia la calzada.
  • Qué significa determinada situación del tránsito.

Estas pequeñas conversaciones convierten un trayecto cotidiano en una experiencia de aprendizaje.

El ejemplo de los adultos es fundamental

Existe una contradicción difícil de explicar cuando enseñamos a un niño que debe esperar para cruzar y, minutos después, nosotros atravesamos apresuradamente por un lugar inadecuado.

Los menores aprenden tanto de nuestras instrucciones como de nuestro comportamiento.

Si queremos que respeten las normas y desarrollen hábitos seguros, debemos mostrarles cómo hacerlo.

Más independencia requiere más preparación

A medida que crecen, algunos niños comienzan a desplazarse sin la compañía constante de un adulto.

Antes de permitirlo, es importante comprobar que conocen bien el recorrido y saben identificar los puntos que requieren mayor atención.

Puede ser útil realizar juntos varias veces el trayecto y conversar sobre:

  • Intersecciones.
  • Cruces.
  • Calles con mayor circulación.
  • Entradas y salidas de vehículos.
  • Lugares donde la visibilidad es limitada.

La independencia debe llegar acompañada de preparación.

Los conductores también tienen una responsabilidad

Educar a los niños como peatones no significa trasladar toda la responsabilidad hacia ellos.

Los conductores deben aumentar la precaución cuando circulan cerca de escuelas, parques y lugares donde exista presencia habitual de menores.

Un niño puede equivocarse.

Precisamente por eso, la conducción preventiva exige anticipar esa posibilidad.

Conclusión

Aprender a desplazarse correctamente por la ciudad es una habilidad que los niños utilizarán durante toda su vida.

Detenerse, observar, elegir correctamente dónde cruzar, evitar distracciones y mantenerse atentos son hábitos sencillos que deben enseñarse desde edades tempranas.

Este septiembre, junto con los libros, las mochilas y el regreso a las aulas, también podemos incorporar una asignatura que se aprende todos los días en nuestras calles: la educación vial.

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