La vista es el sentido que más influye en la conducción. A través de ella se recibe la mayor parte de la información necesaria para tomar decisiones rápidas y seguras: señales de tránsito, movimientos de otros vehículos, peatones, condiciones del camino y cambios en el entorno. Por eso, cualquier alteración visual, por leve que sea, puede comprometer seriamente la seguridad al volante.
Principales afecciones visuales que interfieren con la conducción
Entre los problemas más comunes se encuentran la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y la presbicia. Cada uno de estos trastornos afecta de manera distinta la capacidad de conducción. La miopía dificulta ver objetos lejanos, como señales o semáforos. La hipermetropía afecta la visión cercana, lo que puede complicar la lectura del tablero o del GPS. El astigmatismo distorsiona las formas y luces, lo que puede generar confusión, especialmente de noche o bajo lluvia. La presbicia, más frecuente en personas mayores, reduce la capacidad de enfocar objetos cercanos, lo que también puede interferir con el control del vehículo.
Otros factores que alteran la visión al volante
Además de los defectos refractivos, hay condiciones que pueden afectar la visión durante la conducción. La fatiga visual, provocada por largas horas frente al volante, reduce la concentración y la capacidad de reacción. El deslumbramiento, ya sea por el sol bajo o por luces altas de otros vehículos, puede generar momentos de visión borrosa o ceguera temporal. También existen enfermedades oculares progresivas, como el glaucoma o las cataratas, que afectan el campo visual y la nitidez de las imágenes.
El envejecimiento y la visión
Con el paso de los años, el ojo pierde agudeza, sensibilidad al contraste y capacidad de adaptación a los cambios de luz. Por eso, es fundamental que las personas mayores se sometan a revisiones periódicas y utilicen lentes adecuados si es necesario. No se trata solo de ver, sino de ver con precisión y estabilidad.
Riesgos de conducir con problemas visuales sin corregir
Conducir sin corregir un problema de visión pone en riesgo tanto al conductor como a quienes comparten la vía. Una mala percepción de distancia, la omisión de una señal o la demora en detectar un obstáculo pueden tener consecuencias graves. La seguridad vial depende en gran medida de la capacidad visual, y por eso es esencial mantenerla en condiciones óptimas.
Recomendaciones para cuidar la salud visual
Toda persona que conduce debe realizarse exámenes visuales con regularidad, incluso si no nota cambios evidentes. Detectar alteraciones a tiempo permite corregirlas antes de que interfieran con la conducción. Usar lentes correctivos, protegerse del sol con gafas adecuadas y evitar conducir en condiciones de fatiga visual son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia.
La vista es el principal canal de comunicación con el entorno vial. Cuidarla es parte del compromiso con la seguridad propia y la de los demás.